Hoy me siento orgulloso de mi mismo después de tiempo inmemorial.
Ha acontecido uno de esos momentos únicos, y quizá irrepetibles, en la vida de una persona. ¿Quién es consciente de haber salvado una vida sin dedicarse profesionalmente a ello? Yo desde luego, hasta hoy, nunca.
Cuando uno escucha la expresión o dice "me muero de risa", es una frase que en sentido literal puede ocurrir.
Estaba allí, tendido cuando le sobreviene un ataque de risa.
Súbitamente el silencio, llamarlo por su nombre y el silencio por respuesta. Le turba la más profunda de las inconsciencias, aunque "sólo" durante los 10 segundos más eternos jamás vividos. Su rostro se torna grana y el drama se apodera de todo.
Como en un acto reflejo y como si estuviera acostumbrado a presenciar algo así todos los días, me abalanzo sobre él y, sin dudarlo, trato de separarle las mandíbulas. Un leve crujido seguido de una tos llena de vida, apacigua los nervios. Bienvenido. No me alegré más de ver el brillo en tus ojos. La huella de una dentellada tuya en mi índice izquierdo... El llanto de quien te quiere, cuando consciente de lo que ha pasado se da cuenta de eso mismo: todo ha pasado.

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